En 1914, Juanita lee por la
primera vez Historia de un alma de Teresa de Lisieux
(todavía no beatificada en la época). Tiene
una salud débil y está regularmente enferma.
En 1914, tiene una apendicitis que exige une operación,
cosa muy delicada y peligrosa en la época. Fue en
este tiempo que Juanita oyó el llamamiento de Cristo
que la invitaba a darse totalmente a el y a hacerse carmelita.
Durante el año 1915, Juanita entra en el internado
del colegio del Sagrado Corazón con su hermana Rebeca.
Sufre por deber dejar a su familia a la que ama mucho. Sin
embargo, entiende que el Señor la prepara así
a la grande separación cuando entrará en el
Carmelo. Apreciará el ambiente del colegio que le
permite vivir una vida cristiana fervorosa.
Juanita
(a la derecha) con su hermana Rebeca
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Juanita
en vacaciones en Algarrabo en 1918
(a la izquierda)
A
su lado está su hermana mayor Lucita.
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Inicia su Diario. Nutre y desarolla
su vida espiritual por la oración, la misa cotidiana
y el sacrificio. No es una alumna excepcional, pero se dedica
seriamente a sus estudios, incluso en la materias que no
le gustan (como la física y la química) por
amor a Jesús y a sus padres. Le gusta ayudar a las
almunas pobres y menos dotadas. Muy temprano, Juanita manifestó
un amor muy grande para con los pobres. Fue en este año
1915 que encontró en la calle un niño vestido
de harapos, que tenía hambre y tiritaba de frío.
Lo acogió en la casa de su familia, le dio para comer
y le preguntó donde vivía. El niño
vivía en un tugurio en los suburbios de Santiago.
Juanita visitó la familia y hasta su entrada en el
Carmelo cuidó personalmente del niño que llamó
Juanito: le hacía comer en su casa, pidío
para él vestidos a sus hermanos e hizo una rifa con
su reloj para lograr dinero y así comprarle zapatos.
Cuidó de su educación humana y cristiana.
El 8 de diciembre de 1915, Juanita hizó voto privado
de castidad con el permiso de su confesor, tomando la resolución
de no tener otro esposo que Jesucristo. Renovará
este voto varias veces.
Juanita pasa las vacaciones
en Chacubuco donde tiene un verdadero apostolado para las
familias de los inquilinos: reune a la gente para las misiones,
hace el catequismo para los niños, crea un coro,
consagra las casas de los inquilinos al Sagrado Corazón.
Tiene un don para transmitir las verdades de la fe. En 1917,
después de una mala gestión de los negocios
por el padre, la hacienda de Chacabuco es vendida y la familia
de Juanita debe adoptar una vida más sencilla. Juanita,
que ve en este acontecimiento una invitación de la
Providencia a desprenderse de los bienes del mundo, consuela
a los suyos que se lamentan de la perdida de la hacienda.
En junio de 1917, Juanita recibe la medalla de Hija de María.
Conservó por toda su vida un vínculo fuerte
con María a la que entregaba todo. Lee los escritos
espirituales de sor Isabel de la Trinidad (una carmelita
francesa fallecida en 1906 y que será beatificada
en 1984) con la que descubre una afinidad espiritual. Se
esfuerza para vivir constantemente en la presencia de Dios.
Dice a su hermano Lucho: “¿Qué quieres,
Lucho? Cristo, este loco de amor, me ha vuelto loca.”
En septiembre de 1917, toma contacto por la primera vez
con la priora del Carmelo de Los Andes porque tiene la convicción
interior de que Dios la llama a este monasterio.

En agosto de 1918, Juanita
deja el colegio para volver a la casa de sus padres y sustituir
a su hermana Lucita que viene de casarse. Se dedica cada
día y acepta todo sacrificio para la felicidad de
los suyos. “No creía que la vida del hogar
fuera una vida de sacrificio… me ha servido de preparación
para mi vida religiosa”. Su hermano Lucho dijo que
Juanita era “la joya de la casa”. Juanita escribe
en su Diario: “Me esmeraré en labrar la felicidad
de los demás… Mi resolución es sacrificarme
por todos.”
Al mismo tiempo que tiene una vida espiritual intensa, Juanita
vive como una joven de su tiempo: le gusta estar con su
familia y encontrar a sus amigas; le gusta el deporte, particularmente
la equitación y la natación, y el tenis que
descubre con pasión. Goza de la belleza del mar y
de las montañas. Lo humano y lo sobrenatural forman
en ella una síntesis harmoniosa y unificada. Tiene
una contemplación muy profunda del misterio de Dios
en la oración y, al mismo tiempo, es natural y comunicativa
con los demás. Aunque sufre por razón de su
salud débil y de las purificaciones de la gracia
de Dios en su corazón, está alegre y le gustan
las bromas.
En enero de 1919, visita por la primera vez el Carmelo de
Los Andes. Recibe allí la confirmación de
que Dios la llama a este lugar.
En 25 de marzo de 1919, escribe una carta magnífica
a su padre para pedirle permiso para entrar en el Carmelo.
Le dice que desde su niñez buscó la felicidad,
pero comprendió que solo Dios podía hacerla
plena y definitivamente feliz. Desea pertenecer totalmente
a Dios en una vida consagrada a la oración y a la
penitencia. Conmovido, su padre llora y le da su permiso.
A partir de este momento, Juanita experimenta en su corazón
la mayor alegría y el mayor sufrimiento: alegría
de poder consagrase totalmente a Cristo, que la atrae con
tanta fuerza, y sufrimiento de dejar a los suyos tan amados
que van a sufrir mucho por causa de la separación.
Entra en el Carmelo de Los Andes el 7 de mayo de 1919 y
recibe el nombre de sor Teresa de Jesús.
A
seguir
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