Para
celebrar el fin del año escolar, el 5°
Básico del Colegio Las Condes, de la Institución
Teresiana, organizó un día de expansión
en el Estadio del Banco de Chile, en Santiago. Fueron
al paseo 23 niñitas acompañadas por
seis apoderadas del Centro de Padres del colegio.
Marcela Antúnez Riveros, 11 años,
muy juguetona e inteligente, la primera del curso,
iba entre ellas y nos relata:
"Fue
el 7 de diciembre de 1988, en el Estadio del Banco
de Chile. Creo que fuimos 28 alumnas. Cuando llegamos
nos fuimos a cambiar ropa, a jugar y a bañarnos.
Luego almorzamos. Nos serviron pollo con papas fritas
y una bebida. Yo almorcé con el traje de
baño mojado, debajo de la ropa. Después
nos pidieron que descansáramos una hora antes
de bañarnos. No sabía nadar, pero
me fui a la piscina grande, que tiene una parte
baja y una parte profunda. Sentí algo en
el estómago; luego me resbalé. Empecé
a pedir ayuda y nadie me escuchaba. Había
dos niñas cerca; traté de pedirles
ayuda, pero ellas no me oyeron. Tragué agua,
me hundí, sentí que me ahogaba, sentí
todo helado dentro de mí. Me di por vencida
y me hundí". Eran las 3 de la tarde
aproximadamente.
¿Cuánto
tiempo estuvo esta niña bajo el agua antes
de ser rescatada por Juan Carlos, el salvavidas
de la piscina del Banco de Chile? No se sabe. Cuando
sus compañeras se dieron cuenta de que no
estaba Marcela y que había una sombra en
el fondo, comenzaron a pedir auxilio. El salvavidas
se sumergió para rescatarla. La sacó
inconsciente, totalmente morada, con la lengua afuera,
los ojos entelados, fláccida y el vientre
muy hinchado. La tendío sobre el pavimento,
al borde de la piscina para prestarle los primeros
auxilios.
Entretanto,
las niñas lloraban a gritos: "¡La
Marcela se murió!". Hubo gran conmoción
entre las apoderadas. Una de ellas instó
a rezar a Teresa de Los Andes: "Ella es la
única que la puede salvar". Una chica
decía: "Para qué rezar si ya
está muerta", y otras gritaban: "Si
está muerta, Teresita, resucítala".
Marcela no estaba muerta, pero sí gravísima.
No daba ninguna señal de vida, a pesar de
la respiración boca a boca y de los masajes
cardíacos.
¿Cúanto
tiempo permaneció al borde de la piscina
sin ninguna señal de vida? Según los
testigos, varios minutos. Por la desesperación,
a nadie se le ocurría llamar a la ambulancia.
Mientras las niñas seguían rezando
de rodillas, pidiendo la intercesión de Teresa
de Los Andes, por fin, Marcela emitió un
sonido gutural, demostrando que el Señor
había escuchado a Teresa. Pero volvió
a caer en la inconsciencia.
Llegó
en ese estado a la Clínica Alemana, cercana
al lugar del accidente. En la ambulancia le suministraron
oxígeno por primera vez. El equipo de la
piscina estaba malo. El certificado de ingreso señala
las 15:34 horas. Asfixia por inmersión grave.
El médico que la atendió en Urgencia,
Dr. Gabriel Muñoz, declaró en el proceso:
"Yo he tenido la desgracia de recibir varios
niños con asfixia por inmersión y,
por el estado en que Marcela llegó, esperaba
dos o tres días tormentosos. La falta de
oxígeno, por haber estado bajo el agua, produce
daños en los distintos órganos: en
el cerebro, en los riñones, en el corazón,
en el hígado. En los días siguientes
se produce edema cerebral, disfunción cardíaca,
como si a uno le diera un infarto... Mal pronóstico
le vi cuando llegó. Si me pregunta mi impresión
cuando llegó, mal pronóstico. Si me
pregunta mi impresión doce horas después,
excelente pronóstico".
En
realidad, no doce horas después, sino una
hora después, al ser trasladada de Urgencia
a la Unidad de Cuidados Especiales, pues ya respiraba
espontáneamente. Tuvo una recuperación
completa. Ya estaba perfectamente bien, la vio el
Dr. Erazo, neurólogo infantil, y se asombró.
Leyendo el examen de equilibrio ácido-básico,
que le fue hecho a Marcela mientras estaba en Urgencia,
dijo en su testimonio que demostraba una acidosis
gravísima y severa. La acidosis es la acumulación
de ácido carbónico en el organismo
porque la paciente no estaba respirando. Un paro
cardio-respiratorio de 3 o 4 minutos de duración
produce un deterioro neurológico, por lo
menos transitorio y por tiempo relativamente largo.
En más de 4 minutos el deterioro podría
ser definitivo. Y, por el estado en que la recibió,
el Dr. Muñoz calcula que Marcela Antúnez
estuvo más de cinco minutos bajo el agua,
tiempo al que hay que añadir lo que se tardó
en rescatarla y el tiempo que estuvo sin respirar
al borde de la piscina.
La
ciencia médica no tiene una explicación
para este caso. Es la conclusión a la que
llegaron por unanimidad los cinco médicos
que lo examinaron en Roma, en la Congregación
para la Causa de los Santos, declarando su "extranaturalidad".
Por la intercesión de Teresa de Los Andes
- a quien se invocó desde el primer momento
y se continuó invocando durante los cuatro
días que Marcela permaneció en la
Clínica Alemana, sólo por precaución
- esta niña, que, en caso de vivir habría
quedado en estado vegetal, tuvo una recuperación
rapidísima, completa y sin la menor secuela.